
En marzo, hace ya casi un año, veíamos los efectos devastadores de la pandemia de COVID-19 en algunos países europeos, fue entonces cuando en México muchos de nosotros ya no regresamos a la oficina y comenzamos a trabajar desde casa. Al principio, con la idea de que esto duraría solo unas semanas o meses, pero hoy, un año después, mucho ha cambiado y hay varias cosas que hemos aprendido en el camino.
Los líderes de todas las organizaciones, sin importar el giro, se han enfrentado a dos principales retos: Liderar en el entorno de una crisis generalizada y al mismo tiempo, la pérdida de la interacción humana al trabajar remotamente. Esto ha cambiado totalmente la forma de liderar a las personas, sin embargo, hemos ido aprendiendo y adaptándonos en el camino.
Liderando en una crisis…
No es tarea fácil, pero tampoco es algo nuevo, desde hace años, muchos lideres se han enfrentado a diferentes crisis de todo tipo que vale la pena revisar para poder tomar esos aprendizajes en los retos de hoy. Un ejemplo es Ernest Shackleton que lideraba exploraciones a la Antártida hace más de 100 años, en una misión, por las condiciones meteorológicas su barco se quedo atrapado en el hielo con poco mas de 20 personas que le acompañaban, sin duda, una crisis. En esos momentos el principal enfoque de Shackleton fue mantener la energía positiva de su equipo a través de priorizar la cohesion del equipo y algo que el llamaba “medicina mental”, esto antes de tratar de adivinar el futuro y si podría salir de esa situación. En este caso, como lideres, podemos aprender que la energía del equipo es una prioridad para poder enfrentar cualquier reto, debemos de poner especial atención en la energía individual y grupal, sobre todo enfocarnos en hacer hoy lo que podemos hacer hoy, y mañana lo que podemos hacer mañana. El tratar de adivinar o imaginar el futuro en una crisis es muy desgastante y, cuando las cosas no ocurren como se pensaba, genera frustración y perdida de la tan valiosa energía del equipo, en mi opinión, es mejor mantener una mentalidad de adaptación y aprendizaje para poder responder rápidamente a los cambios del entorno.
Innovar hacia el propósito es aun más relevante…
En las crisis podemos perder de vista el “por qué hacemos lo que hacemos”, que prácticamente significa perder de vista nuestro propósito como organización, esto es lo que une a un grupo, y como lideres, debemos de reforzar el propósito del equipo, inspirar y ganar credibilidad de que aun en la adversidad, podemos lograrlo. Sin embargo, en una crisis como la que vivimos hoy, existen nuevos retos que dificultan el que podamos llegar a nuestro objetivo como organización, lo mejor que podemos hacer es impulsar la innovación, escuchar a la gente, sus propuestas, ideas; pero siempre pensando y teniendo en mente nuestros principios, valores, y por su puesto, nuestro propósito.
La cercanía de un líder con la gente es vital, el trabajo remoto nos aleja…
Seguramente muchos extrañamos el poder decir “Vamos a tomar un café y platicamos”, o simplemente poder tener una conversación de valor en persona, la tan importante comunicación NO verbal ha quedado muy limitada por la nueva forma de trabajo, esto implica retos adicionales para todos, pero en especial para los lideres. No existe una forma de sustituir el contacto humano, aun con la tecnología con la que contamos hoy. Nos queda el estar cerca de la gente, en las reuniones dar un espacio para poder abordar los temas de trabajo, pero también poder escuchar cómo se siente el equipo, su nivel de energía, etc. Poder tener espacios recurrentes con todos los miembros del equipo para escucharlos, ayuda a mantener la energía individual y por lo tanto la grupal fuerte.
A un año de esta pandemia que a muchos nos tomó por sorpresa, definitivamente, el mundo ni nosotros somos los mismos; hemos aprendido y nos hemos adaptado y ahora toca tomar el juego a la ofensiva, y como lideres, podemos tomar todos los aprendizajes de esta crisis para salir de ella fortalecidos.